Y lloraron con las palabras de su compañero, un joven con Asperger

Al trabajar a diario haciendo teatro, te ocurren muchas cosas inesperadas, y, más aún, si trabajas para los institutos de secundaria movilizando, por tanto, a buena parte de la juventud de este país.

El IES Jaume I de Salou, Tarragona, se encontraba, el día 9 de Marzo, en el Auditorio de la Diputación de Tarragona presenciando el montaje teatral “Tempestades”.

La profesora encargada de la actividad era Anabel Sáiz, una profesora enormemente comprometida con la educación, que nos conoce desde antes del año 2000.

“Tempestades” es un monólogo de Ricardo Frazer, basado en textos de autores universales que gira en torno a las emociones. En ciertos momentos del mismo, el actor invita a alguien del público al escenario.

En concreto, hay un momento en el que Frazer, transmutado en “Hamlet”, interpreta un soliloquio que comienza así: “Te ruego que recites el pasaje tal como lo he declamado yo, con soltura y naturalidad, pues si lo haces a voz en grito, como acostumbran muchos de vuestros actores, valdría más que diera mis versos…”.

Pues, bien, Ricardo aprovecha esas palabras y dice: “Ahora uno de ustedes pasará aquí…” y, luego, espera.

Si no sube nadie al escenario, continúa con Shakespeare: “quien quiera pasar… podéis preguntaos si esto es cierto o es teatro, creedme es cierto…estoy aquí”.

Son contadas las ocasiones en las que alguien sube al escenario. Pero, ese día, un adolescente lo hizo y Ricardo le planteó un ejercicio:

“Debes pensar en una persona que ya no esté en este mundo y hablarle de tú a tú, en voz alta, en primera persona. Empiezas afirmando quiero decirte que… y añades, después, lo que desees”.

Frazer que es, además, un excelente profesor de teatro, lo anima y prepara con frases como “Tienes que obviar a tus compañeros y verbalizar lo que realmente sientes…esto es un regalo para ti…. El teatro está para mostrar emociones… ” y muchas otras más.

He de aclarar que yo, María Bilbao, durante la función, estoy en la parte técnica llevando las luces y el sonido, o sea, estoy en el “backstage”. El día en cuestión, escucho, a la vez que el joven va hablando, un susurro o un murmullo, no sabría cómo definirlo, que va “in crescendo” hasta convertirse en un llanto ahogado y profundo de la juventud que asiste, como público. El muchacho continúa hablando sobre los sollozos que llenan el espacio. Aquello llamó mi atención y me atrapó poderosamente, pero no sabía bien qué estaba sucediendo, no oía bien nada, pero me llegaba y hondo.

Tras este momento, la función continúa con el poema de Pablo Neruda “Explico algunas cosas” por lo que Frazer se despidió del chico y este bajó del escenario.

Al acabar la actuación, los autobuses de los centros suelen marcharse inmediatamente, por eso, días más tarde, y, a través de las redes sociales, nos van comunicando las impresiones y/o las anécdotas acontecidas.

Pero, esta vez, lo que ocurrió fue tan emotivo e impactante que, esa mismo jornada, un par de horas después, (los centros se habían ido ya y nosotros, tras desmontar, nos encaminábamos hacia un nuevo destino), recibimos varios “whatsapps”.

Anabel nos resumía “El chico que subió a escena es de nuestro centro y tiene síndrome de Asperger, ha sido emotivo que saliese…un milagro” Luego nos detalló que se emocionó y lloró toda la gente de su clase cuando el chico no sólo salió sino que empezó a hablarle a su abuela y a decirle cuánto le hubiera gustado conocerla mejor y pasar más tiempo con ella…

¡Guau!, cuánto se mueve con las “Tempestades”…

De hecho, Nina Marin, profesora del Colegio La Salle de Bilbao, con la que siempre compartimos un almuerzo o cena para poder dialogar un poco, si actuamos por allí, nos comentó en una ocasión algo muy bonito:

“Al ver esta obra por primera vez en la Escuela de Idiomas de Bilbao, me pregunté: ¿cómo puede un solo actor, sin una obra de teatro propiamente dicha, pero con un principio, un nudo y un desenlace y, absolutamente solo en el escenario, lograr el silencio y el respeto de ese elevado número de jóvenes asistentes?”

Yo misma, María, vivo en cada representación muchas emociones que me llegan del escenario y de toda la sala, pese a estar ubicada “detrás” de este y centrada en lo técnico.

¡Qué maravilla poder vivir día a día todo esto que amo tanto y, además, acompañando a un actor que, también, ama lo que hace!

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