Menu Principal:
Textos de las Obras
Estrenada en el año 2007 en el "Museo Dalí" de Figueres
LA ZAPATERA PRODIGIOSA
En un cortijo de Córdoba
entre jarales y adelfas,
vivía un talabartero
con una talabartera.
Ella era muy arisca,
él, hombre de gran paciencia,
ella giraba los veinte
y él pasaba de cincuenta.
¡Santo Dios! ¡Cómo reñían!
Miren ustedes la fiera,
burlando al marido
con los ojos y la lengua.
Cabellos de emperadora
tiene la talabartera,
y una carne, como el agua,
cristalina de Lucena.
Cuando movía las faldas
en tiempos de primavera
olía su ropa
a limón y yerbabuena.
¡Hay, qué limón, limón de la limonera!
¡Qué apetitosa
talabartera!
Ved cómo la cortejaban
mocitos de gran presencia
en caballos relucientes
llenos de bodas de seda.
Gente cabal y garbosa
que pasaba por la puerta
haciendo brillar, alegre,
las onzas de sus cadenas.
La conversación a todos
daba la talabartera,
y ellos caracoleaban
sus jacas sobre las piedras.
Miradla hablando con uno
bien peinada y bien compuesta,
mientras el pobre marido
clava en el cuero la lezna...
Esposo viejo y decente
casado con joven tierna,
qué tunante caballista
roba tu amor en la puerta.
Un lunes por la mañana
a eso de las once y media
cuando el sol deja sin sombra
los juncos y madreselvas,
cuando alegremente bailan
brisa y tomillo en la sierra
y van cayendo las verdes
hojas de las madroñeras,
regaba sus alhelíes
la arisca talabartera.
Llegó su amigo trotando
una jaca cordobesa
y le dijo entre suspiros;
- Niña, si tú lo quisieras,
cenaríamos mañana, en tu mesa.
¿Y qué harás de mi marido?
Tu marido no se entera.
¿Qué piensas hacer?
- ¡Matarlo!
- Es ágil. Quizás no puedas
¿Tienes revólver?
- Mejor
Tengo navaja barbera.
- ¿Corta mucho?
- Más que el frío
Y no tiene ni una mella.
- ¿No has mentido?
- Le daré diez puñaladas
certeras
en esta disposición
que me parece estupenda:
cuatro en región lumbar
una en la tetilla izquierda
otra en semejante sitio
y dos en cada cadera
- ¿Lo matarás en seguida?
- Esta noche cuando vuelva
con el cuero y las crines
por la curva de la acequia.
Federico García Lorca
MI PRIMER POEMA
En un lugar de América, de cuyo nombre no quiero acordarme, perseguían a los cisnes con ferocidad Se acercaban a ellos sigilosamente en los botes y luego rápido, rápido remaban... Los cisnes, como los alabatros, emprenden difícilmente el vuelo, deben correr patinando sobre el agua. Levantan con dificultad sus grandes alas. Los alcanzaban y a garrotazos terminaban con ellos.
Me trajeron un cisne medio muerto. Era una de esas maravillosas aves que no he vuelto a ver en el mundo, el cisne cuello negro. Una nave de nieve con el esbelto cuello como metido en una estrecha media de seda negra. El pico anaranjado y los ojos rojos.
Me lo entregaron casi muerto. Bañé sus heridas y le empujé pedacitos de pan y de pescado a la garganta. Todo lo devolvía. Sin embargo, fue reponiéndose de sus lastimaduras, comenzó a comprender que yo era su amigo. Y yo comencé a comprender que la nostalgia lo mataba. Entonces, cargando el pesado pájaro en mis brazos por las calles, lo llevaba al río. Él nadaba un poco, cerca de mí. Yo quería que pescara y le indicaba las piedrecitas del fondo, las arenas por donde se deslizaban los plateados peces del sur. Pero él miraba con ojos tristes la distancia.
Así cada día, por más de veinte, lo llevé al río y lo traje a mi casa. El cisne era casi tan grande como yo. Una tarde estuvo más ensimismado, nadó cerca de mí, pero no se distrajo con las musarañas con que yo quería enseñarte de nuevo a pescar. Se mantuvo muy quieto y lo tomé de nuevo en brazos para llevármelo a casa. Entonces, cuando lo tenía a la altura de mi pecho, sentí que se desenrollaba una cinta, algo como un brazo negro me rozaba la cara. Era su largo y ondulante cuello que caía. Así aprendí que los cisnes no cantan cuando mueren.
Pablo Neruda
ELEGÍA de MIGUEL HERNANDEZ
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
ESCUELA
Oí tocar a los grandes violinistas del mundo,
a los grandes “virtuosos”.
Y me quedé maravillado.
¡Si yo tocase así! ¡Como un “virtuoso”!
Pero yo no tenía
escuela
ni disciplina
ni método
Y sin esas tres virtudes
no se puede ser “Virtuoso”.
Me entristecí.
Y me fui por el mundo a llorar mi desdicha.
Una vez oí en un lugar no sé cual
“Sólo el Virtuoso puede ver un día la cara de Dios”.
Yo sé que la palabra “Virtuoso” tiene un significado
equívoco, anfibológico,
pero, de una o de otra manera, pensé,
yo no seré nunca un “Virtuoso”
y me fui por el mundo a llorar mi desdicha.
Anduve anduve anduve
descalzo muchas veces,
bajo la lluvia y sin albergue
solitario.
Y también en el carro itinerario
más humilde de la farándula española.
Así recorrí España.
Vi entonces muchos cementerios,
estuve en humildes velorios aldeanos
y aprendí cómo se llora en los distintos pueblos españoles.
Blasfemé.
Viví tres años en la cárcel
no como prisionero político,
sino como delincuente vulgar
Comí el rancho de castigo con ladrones y grandes asesinos
viajé en la bodega de los barcos;
les oí contar sus aventuras a los marineros
y su historia de hambre a los miserables emigrantes.
He dormido muchas noches, años, en la Africa Central,
allá, en el Golfo de Guinea, en la desembocadura del Muni,
acordando el latido de mi sangre
con el golpe seco, monótono y tenaz
del tambor prehistórico africano
de tribus indomables
He visto a un negro desnudo
recibir cien azotes con correas de plomo
por haber robado un viejo sombrero de copa
en la factoría del holandés.
Vi parir a una mujer
y vi parir a una gata
y parió mejor la gata;
vi morir a un asno
y vi morir a un capitán
y el asno murió mejor que el capitán.
Y ese niño, ¿por qué ha llorado toda la noche ese niño?
No es un niño, es un mono -me dijeron
Y todos se rieron de mí.
Yo fui a comprobarlo
y era un mono pequeño, en efecto,
que lloraba igual que un niño,
más desgarrada y dolorosamente que todos los niños
que yo había oído llorar en el mundo.
El Sargento me explicó:
- Anoche en el bosque matamos al padre y a la madre,
y nos trajimos al monito.
¡¡Cómo lloraba el monito!!
Estuve en una guerra sangrienta,
tal vez la más sangrienta de todas.
Viví en muchas ciudades bombardeadas,
caminé bajo bombas enemigas que me perseguían,
vi palacios derruidos, sepultando
entre sus escombros niños y mujeres inocentes.
Una noche conté cientos de cadáveres
buscando a un amigo muerto.
Viví en manicomios y hospitales.
Estuve en un leprosario
(junto al lago petrolífero y sofocante de Maracaibo)
me senté a la misma mesa con los leprosos.
Y un día, al despedirme,
les di la mano a todos, sin guantelete, como el Cid
no tenía otra cosa que darles.
He dormido sobre el estiércol de las cuadras,
en los bancos municipales,
he recostado mi cabeza en la soga de los mendigos
y me ha dado limosna - Dios se lo pague -
una prostituta callejera.
Si recordase su nombre lo dejaría escrito aquí,
orgullosamente (en este verso endecasílabo.)
¡Oh qué alegría! poder pagar una letra,
una deuda, una limosna de amor
a los cincuenta años de vencida
y esta llaga que llevo aquí escondida
-desde mozo, hace 60 años -,
que sangra, que supura, no se cierra
y no puedo enseñarla por pudor.
No es herida gloriosa de guerra
i Pero hay llagas redentoras!
Una vez... alguien me llevó ciego a un lugar de pesadilla... de bicéfalos monstruos
¿Alguien?... ¿o fue el veneno antiguo y poderoso de mi sangre
que está ahí, agazapado como un tigre,
se levanta a veces, deforma el Amor
y me deja sin defensa
en un mundo subyugante, satánico y angélico a la vez,
donde se pierde al fin la voluntad
y uno ya no puede decir quién quiere que venza,
si la luz o la sombra
Sin embargo
aquella vez vencieron y me salvaron los ángeles
Pero yo no fui un soldado valiente.
¡Oh, el amor, el amor! ¡Qué formas toma a veces!
¿Por qué ha de ser así?
¿Por qué este veneno de la sangre está ahí siempre,
agazapado como un tigre, y no se va,
y a veces se levanta, y lucha... y, ¡ay!, puede más que
los ángeles?
Que venga el pregonero,
el cura,
el psiquiatra,
el albañil
Quiero que sepa todo el mundo
cómo
y de qué
está construida mi casa.
Otra vez,
desesperado,
quise escaparme por la puerta maldita y condenada
y mi ángel de la guarda me tomó de los hombros
y me dijo severo: no es hora todavía...
hay que esperar.
Y esperé.
Y sufrí,
y lloré otra vez.
He visto llorar a mucha gente en el mundo
y he aprendido a llorar por mi cuenta.
El traje de las lágrimas
lo he encontrado siempre cortado a mi medida.
Viví en Norteamérica seis anos, buscando a Whitman,
y no le encontré, Nadie le conocía.
Hoy tampoco le conocen.
Llegué a México montado en la cola de la Revolución.
Corría el año 23,...
y aquí planté mi choza, aquí he vivido muchos años,
he llorado,
he gritado,
he protestado
y me he llenado de asombro.
He presenciado monstruosidades y milagros:
aquí estaba cuando mataron a Trotsky,
cuando asesinaron a Villa,
cuando fusilaron a 40 generales juntos...
y aquí he visto a un indito,
a todo México
arrodillado llorando ante una flor.
He acompañado a la muerte muchas veces:
la vi a la cabecera de mi madre,
de mi compañera, de amigos innumerables...
He sufrido y sufro el destierro...
y soy hermano de todos los desterrados del mundo.
Tengo un amigo judío que estuvo en Auschwitz
y me ha enseñado las cicatrices del látigo alemán.
He estado en el infierno.
En un infierno que Dante y Virgilio no soñaron
siquiera.
Salí del infierno y he rezado mucho después.
Me sepultaron vivo
y me escapé de la tumba.
He vivido largos años
y he llegado a la vejez
con un saco inmenso,
lleno de recuerdos,
de aventuras,
de cicatrices,
de úlceras incurables, de dolores,
de lágrimas,
de cobardías y tragedias
y ahora de repente,
a los 80 años
me doy cuenta de que sé tocar muy bien el violín
que soy un “Virtuoso”,
que puedo tocar en los grandes conciertos del mundo.
(El hombre y el poeta
son un mismo y único instrumento.)
Me gusta haber dado con mi almendra
antes de morirme.
Me gusta haber llegado a la vejez
siendo un gran violinista
un Virtuoso.
Pero con esta definición
que oí cierta vez en un lugar no sé cual:
“Sólo el virtuoso puede ver un día la cara de Dios”.
León Felipe
Area didáctica “La generacion del 27”
Sugerimos buscar entre los jovenes alumnos, voluntarios que pudieran leer “Elegia” de Miguel Hernández y buscar material relacionado con el amigo que menciona Miguel. (Podría hacerse en grupos de a tres alumnos)
Los grupos contarán quien es el amigo al que se refiere Miguel Hernández en su poesia y uno de ellos leerá el poema.
Frazer tiene una forma de recitar los poemas que lo convierte en único. Por esto los alumnos pueden observar el sentimiento puesto en un texto, la complicidad con el autor, la entrega al exponerlo de un actor e infinitas cosas más que se perciben en una sala donde se ha realizado el trabajo previamente.