Cultural Tempestades


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Tempestades

Textos de las Obras


ESTRENADA EL AÑO 1989 EN EL
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFIA DE MADRID


UNA GRAN FUERZA DONDE LA SIMPLEZA Y LA SOBRIEDAD DAN LA MANO A UN PROFUNDO CONTENIDO HUMANO.
TEMPESTADES OBRA TEATRAL DE RICARDO FRAZER
Literatura viva


¡QUÉ LÁSTIMA!
¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas de hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
de una tierra a otra tierra, de una raza
a otra raza,
pasan
esas tormentas de estío de esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
Patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada:
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la montaña,
Después ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de esas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara ,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero,
una mesa apolillada
y el retrato de un abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra mano en el puño de la espada!
Y, qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
porque¿ qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un abuelo
que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero,
ni una mesa,
ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!
Sin embargo
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también.
Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa
ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada,
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
a través de la ventana,
vi como se la llevaban
en una caja muy blanca
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre al cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por este cristal de mi ventana
¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un abuelo
que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa
Venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia.

León Felipe

CALÍGULA
¡Quiero la luna... traédmela... traédmela - El mundo... tal como está no es soportable, por eso quiero la luna, y con ella la dicha y con ella... ¡la inmortalidad! ¿Descabellado...? Quizás.... pero que ya no sea de este mundo.

Hasta hoy no supe qué es estar desesperado. Sabía que era posible pero ignoraba el significado de esa palabra y creía como todos... como todos...

¡Quereas!... ¡Quereas! ... ¡Que....

La diosa fortuna os acaricia hoy Querea..., he de nombrarte!

Te nombraré ... ¡caballo!... ¡Caballo Quereas!

¿Contento? ... Decidme Quereas, ¿Qué es estar desesperado?

- Un dolor M alma, es un dolor del alma, Gran César -

¿Alma..? ¿Un dolor del alma...? A mi me duele la piel, los huesos, tengo el estómago revuelto, y la cabeza vacía... pero lo más atroz es este gusto en la boca ¡Sangre, muerte... todo a la vez!

¿Crees que no lo sé?. Basta con que mueva la lengua para que el mundo palidezca, todo se tome negro y los seres me repugnen.

Caminad caballo, ved al pueblo de Roma, ¿Crees que conocen la soledad? Soledad Quereas, soledad del poeta, soledad de la prostituta..., soledad. ¿No sabéis que nunca se está solo? Siempre llevamos con nosotros la carga de los pecados... los seres que hemos matado están en nosotros, y a los que amamos y nos amaron, y los pesares, la amargura, la dulzura y la insoportable, fétida pandilla de dioses... ¡Solo!

¡Sólo yo... y la luna!

Recuerdo cuando te conocí. Fue cuando me había acostado... sólo eras un hilo de sangre en el horizonte... y comenzaste a subir... cada vez más ligera, y cuanto más subías más clara ibas haciéndote.
Y te has convertido en un lago de agua lechosa en una noche de estrellas apretadas.

¿Vendrás? ¿Vendrás con tu calor... ? ¡Vendrás...! ¡vendrás desnuda!, cruzarás el umbral de mi aposento y con lentitud entrarás en mi cama...

¡Todo parece tan complicado.... y es tan sencillo!

Si yo tuviera la luna, si bastara el amor- ¿Dónde?, ¿Dónde?; dadme un sitio, un rincón, un hueco para apagar esta sed.
¡Luna, canta! ¡Canta para mí!
(muerte de Calígula)

Ricardo Frazer

LA VIDA ES SUEÑO

Es verdad, pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición
por si alguna vez soñamos
y si haremos, pues estamos
en un mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey y vive
con este engaño mandado,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso que recibe,
prestado, en el viento escribe;
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¿Que hay quién intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? un frenesí
¿Qué es la vida? una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño,
que toda la vida sueña
y los sueños, sueños son.

Calderón de la Barca (*)

(*)NOTA: es interesante observar como enlaza el actor la vida de este emperador que se creía un dios con los cuestionamientos del monólogo de Segismundo. La creatividad en un texto, respetando la intención del autor, se pone de manifiesto en el siguiente monólogo.

HAMLET
Hamlet: Ser o no ser,
es la única alternativa,
si es mejor y más noble para mi alma,
sufrir los reveses del destino,
o esgrimir un arma,
ante un mar de males,
enfrentar y acabar con ellos.
Morir, es dormir, no más,
y pensar que por un sueño,
por tan sólo un sueño,
concluimos con el dolor del corazón,
callamos la angustia,
la cual heredamos con la carne,
una consumación para deseada,
morir es dormir,
dormir es soñar,
soñar
he aquí el problema,
porque tendríamos que ver,
cuales sueños vienen,
en ese sueño de la muerte,
fuera del torbellino de la vida,
es una reflexión harto poderosa,
que da larga existencia a la desdicha,
de otra forma como soportar los flagelos,
y la injuria de este tiempo,
la opresión y el agravio del tirano,
el desprecio humillante del hombre soberbio,
las penas del amor que es desdeñado,
el injusto retraso de la ley,
la insolencia de los que mandan,
todos los atropellos que el indigno impone,
sobre el hombre de mérito y paciencia,
cuando uno mismo podría liberarse,
con la simple asistencia de un puñal,
¿quién va a cargar el fardo, el sudor,
las penas de una vida fatigosa?,
si no es por miedo,
miedo de lo que encuentre tras la muerte,
región no descubierta,
de cuyo confín nadie regresa,
ningún caminante toma,
nadie regresa jamás,
esto nos llena de dudas,
esto nos hace sentir cobardes.
(NOTA: en escena aparece un bufón.)

Bufón: En ese momento aparece Ofelia, con un cofre en la mano, haciendo como que reza e interrumpiendo el pensamiento del príncipe.
Ofelia: Señor, ¿Cómo ha estado en todos estos días?
Hamlet: Bien, bien, bien, bien...
O: Señor, tengo algunos regalos que quisiera devolver, hace un tiempo atrás.
H: No, yo nunca te di nada.
O: Bien sabe señor que fueron dados, junto con palabras tan dulces, que aquellas cosas alumbraban. Aquel perfume ha desaparecido y un regalo empobrece el alma, si se hace distante la persona que lo ha dado.
H: Dime una cosa, ¿Eres honesta?, ¿eres hermosa?, porque si eres honesta y hermosa, a la larga el poder de la hermosura va a convertir a la honestidad en una alcahueta, antes esto era una paradoja, hoy día es cosa cierta. Yo te amaba....
O: As! me lo hacías saber señor.
H: Tú no debiste creerme, porque nunca puede la virtud introducirse dentro de nuestro tronco corrupto ni robar el mal sabor de sus frutos. Yo no te amaba, nunca te amé.
O: Muy engañada estuve.
H: ¿Por qué no te vas a un convento?, ¿Para qué has de quedarte aquí?, para engendrar criminales. Yo soy de bondad mediana, y sin embargo hubiera sido mejor que mi madre no me hubiese parido. Yo soy orgulloso, vengativo, ambicioso, con más culpas sobre mi espalda que pensamiento en que ponerlas, imaginación para darles forma ni tiempo para llevadas a ejecución ¿Con qué fin las miserables ratas como yo han de seguir arrastrándose entre el cielo y la tierra? no, no creas a ninguno de nosotros, somos todos una lacra inmunda, vete a un convento.
Dime una cosa...¿y tu padre?
O: En casa, en casa señor.
H: Pues dile que cierre bien todas las puertas, que pongan cerrojos en su ventana, de este modo lograremos, que si se hace el idiota, lo haga dentro de su hogar.
Y si te casas... bueno voy a darte un regalo claro está, una maldición por más que seas casta como el hielo y pura como la nieve no escaparás de la calumnia, y si algún día te casas que sea con un imbécil, porque los hombres de buena razón saben muy bien en qué bestias ustedes los convierten, yo conozco muy bien sus pinturas y sus máscaras, Dios les da una cara y ustedes se hacen otra, caminan a los saltitos, les ponen diminutivos a las cosas y tratan de que esas lasciva coquetería pase por ignorancia. No, basta, no quiero más eso, me ha vuelto loco. Yo digo de ahora en más que no haya más casamientos, todo los que estén casados vivirán, claro está, los demás se quedan como están, menos uno.
Bonita joya antigua, ¿por qué no te vas a un convento? ¡pronto!

W. Shakespeare

PEER GYNT
Peer Gynt:
Buenas noches, madre.
Madre: Dios te bendiga, hijo mío, pero ¿cómo te has atrevido a venir.? Aquí corre peligro tu vida.
P: La vida es lo de menos, tenga que venir, eso es todo.
M: El fin se acerca, cuando veas que se extingue la luz de mis ojos, los cerrarás con cuidado y luego te ocuparás del ataúd, ¡Ah! Que sea bueno hijo mío.
P: Ya habrá tiempo de ocuparse de esas cosas, mañana, otro día, ¡caramba! venía huyendo de las tristezas, ahora hablemos, pero de cosas sin importancia... ¡caramba! el viejo gato... ¡con que todavía vives!, asqueroso...
¿Qué pasa?, ¿Qué miras?, ¡ah! ... No te he podido traer nada esta vez, lo siento, bajé deprisa y... ¿Qué?... ¡ah! ... Esto... Si, es el vino del Rin que tanto te gusta a ti, pero esta vez lo he traído para mi así que lo siento ... Y ahora mismo me lo voy a beber no sea cosa que me lo choriciéis. Huummmm... no te doy, no te doy, no te doy... bueno, a ver, te dará un poco sólo, ¿a que pensaste que me había olvidado de tu vino, no? ¡Quieta! no, yo te doy, tú quieta, eso es y quita la mano... ¡Quieta la mano!.
Bien ahora tú tranquila, que ya estoy aquí, eso es, relájate... te enseñaré un truco para descansar, mírame... ¡Estírate! ¡Estírate!... ¡Que te estires madre, que te estires!. Estírate en mi cama, si, mi ca... ¡mi cama de niño! ¡ya me la has pillado!
¡Fuera de aquí!... Bue... Ahora quédate, ¡cuántas noches antes de dormir que me arropabas con la manta de piel y me cantabas tonadas, romanzas... hoooooo hoooooo hoooooo, prrrrr! ¿y sabes cuándo me dormía más feliz? Cuando jugábamos a que me llevabas a los cielos en trineo,... a la fiesta de los dioses... y cogíamos al gato y lo atábamos al caballo... tú te sentabas en la cabecera y llevabas las riendas, y cuando íbamos llegando las soltabas, te dabas vuelta y me preguntabas:- ¿Tienes frío?
Ma..., no tiembles.... no tiem... te traigo de beber, eso, te traigo de beber... ya estoy aquí. En realidad yo he venido porque hoy... ¿a que no sabes que día es hoy?... ¡hoy hay baile en el palacio!, en el cielo, hay baile en el cielo. ¿Qué? Claro que os han invitado a vos, ¿a quién van a invitar?, os han invitado a vos. ¿Eh? ¿Quién os va a llevar? Vuestro hijo Peer Gynt... no, no tenéis que hacer nada... claro que os han invitado a vos, ¿a quién van a invitar?, agarraos bien, que os voy a llevar por los valles solitarios.
¡Arre, caballo, arre, caballo!, ya estamos cruzando un fiordo, hay una luz que parpadea allí abajo, ¿oyes la música?, hay baile en el palacio, ¡San Pedro está fuera y nos invita a entrar!
Atrás está la difunta mujer del pastor, prepara café y merienda. Ya veo asomar el palacio. Pronto habrá acabado el viaje, date prisa caballo mío. ¡La multitud se agolpa en el frente, como hormigas se dirigen al portal! ¡Ahí llega Peer Gynt con su madre!.
¿Qué dice señor San Pedro?. ¿Que no deja entrar a mi madre?. Pues... ¡Buscad, buscad! Que por más que busquéis no encontraréis pellejo más honrado.
¡Ah!, de mí no hay de qué hablar. Yo puedo esperar fuera, si queréis ofrecerme una copa de aguardiente bien, y si no, me marcho contento igual.
¿Historias?, ¿Qué historias?, ¿del diablo que meaba en el púlpito? ¡Ah!, si, mía... una meadita hombre! Yo he llamado gallina a mi madre porque ella cantaba, tarareaba... chillaba todo el día, pero a ella habrás de honrada y respetada muy en serio, a fe mía, hace tiempo que no viene gente tan buena de la comarca. ¡San Pedro!
¡Ahí está Dios, nuestro señor...! Pasas madre, pasas libremente. ¡Ya tendrás tu merecido San Pedro, abandona esos modales! Ya lo decía yo, han cambiado de tono. Madre... ¿Por qué me miras con esos ojos que parecen que van a saltarse? Ma... has perdido el conocimiento, ma...
Gracias por todo... Por tus golpes, por tus caricias, gracias por todo... y ahora dame las gracias a mi también, en premio al viaje, madre,
Nunca... nunca te dije: ¡te quiero!

Enrique lbsen

HAMLET
Dirás la parte tal cual la marqué con soltura y agilidad en la lengua, pues si la vais a gritar a boca llena, a mi me da igual que digáis mis versos en la feria. Tampoco muevan la mano con exageración, moderación en todo, me pone muy mal ver a un actor con su peluquín desgajar a jirones la emoción, rompiendo los oídos de la chusma que, por otra parte, no hace otra cosa que apreciar inexplicables pantomimas y gritos, yo mandaría a azotar un energúmeno de esta especie, tampoco seáis demasiado tímidos, que vuestra discreción sea vuestra gula, que la palabra corresponda a la acción, y la acción a la palabra, debiendo cuidar siempre de no sobrepasarse de los límites de la naturaleza del lenguaje ya que el teatro, desde un principio hasta ahora, ha sido y es como un espejo, en el que se ve la luz de su propio rostro, el vicio de su imagen y de cada nación de cada época y lugar sus propios rasgos y caracteres. Claro que si esta pintura la debilitamos o la exageramos hará reír a los ignorantes, es verdad, pero no hará otra cosa que disgustar a los hombres de buena razón y vale mucho más el juicio de uno solo de ellos que un teatro entero... de los otros.

W. Shakespeare

LA ZAPATERA PRODIGIOSA
En un cortijo de Córdoba
entre jarales y adelfas,
vivía un talabartero
con una talabartera.
Ella era muy arisca,
él, hombre de gran paciencia,
ella giraba los veinte
y él pasaba de cincuenta.
¡Santo Dios! ¡Cómo reñían!
Miren ustedes la fiera,
burlando al marido
con los ojos y la lengua.

Cabellos de emperadora
tiene la talabartera,
y una carne, como el agua,
cristalina de Lucena.
Cuando movía las faldas
en tiempos de primavera
olía su ropa
a limón y yerbabuena.

¡Hay, qué limón, limón de la limonera!

¡Qué apetitosa
talabartera!

Ved cómo la cortejaban
mocitos de gran presencia
en caballos relucientes
llenos de bodas de seda.
Gente cabal y garbosa
que pasaba por la puerta
haciendo brillar, alegre,
las onzas de sus cadenas.
La conversación a todos
daba la talabartera,
y ellos caracoleaban
sus jacas sobre las piedras.
Miradla hablando con uno
bien peinada y bien compuesta,
mientras el pobre marido
clava en el cuero la lezna...
Esposo viejo y decente
casado con joven tierna,
qué tunante caballista
roba tu amor en la puerta.
Un lunes por la mañana
a eso de las once y media
cuando el sol deja sin sombra
los juncos y madreselvas,
cuando alegremente bailan
brisa y tomillo en la sierra
y van cayendo las verdes
hojas de las madroñeras,
regaba sus alhelíes
la arisca talabartera.
Llegó su amigo trotando
una jaca cordobesa
y le dijo entre suspiros;
- Niña, si tú lo quisieras,
cenaríamos mañana, en tu mesa.
¿Y qué harás de mi marido?
Tu marido no se entera.
¿Qué piensas hacer?
- ¡Matarlo!
- Es ágil. Quizás no puedas
¿Tienes revólver?
- Mejor
Tengo navaja barbera.
- ¿Corta mucho?
- Más que el frío
Y no tiene ni una mella.
- ¿No has mentido?
- Le daré diez puñaladas
certeras
en esta disposición
que me parece estupenda:
cuatro en región lumbar
una en la tetilla izquierda
otra en semejante sitio
y dos en cada cadera
- ¿Lo matarás en seguida?
- Esta noche cuando vuelva
con el cuero y las crines
por la curva de la acequia.

Federico García Lorca

EXPLICO ALGUNAS COSAS
Preguntaréis: ¿Y dónde están las lilas?
¿Y la metafísica cubierta de amapolas?
¿Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?
Os voy a contar todo lo que me pasa.
Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.
Desde allí veía
el rostro seco de Castilla,
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, ¿te acuerdas?
¿Te acuerdas, Rafael?
Federico, ¿te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
¡Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,
aglomeraciones de pan palpitante,
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua,
como un tintero pálido entre las merluzas:
El aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles,
metros, litros, esencia aguda de la vida,
pescados acinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas,
tomates repetidos hasta el mar.
Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego.
Pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre,
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños
y por las calles la sangre de los niños,
corría simplemente, como sangre de niños.
¡Chacales que el chacal mismo rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiarían!
¡Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en un sola
ola de orgullo y de cuchillos!
Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sito
del corazón.
Preguntaréis: ¿porqué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?
¡Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!

Pablo Neruda

EL GRAN DIOS BROWN
¿Por qué tengo miedo de bailar?, yo, que amo la música y el ritmo y la gracia y el canto y la risa, ¿Por qué tengo miedo de vivir?, yo que amo la vida y la belleza de la carne y los vivos colores de la tierra y del cielo y del mar. ¿Por qué tengo miedo de amar, yo que amo el amor? ¿Por qué tengo miedo, yo que no tengo miedo? ¿Por qué debo fingir desdén para poder sentir piedad?.

¿Por qué debo ocultarme tras el desprecio de mí mismo para poder comprender?. ¿Por qué debo avergonzarme tanto de la fuerza y enorgullecerme tanto de mi debilidad? ¿Por qué debo vivir en una jaula como un delincuente desafiando y odiando, yo que amo la paz y la amistad? ¿Por qué he nacido sin piel?, ¡Oh Dios mío!, ¿Y tengo que usar armadura para tocar o ser tocado?, o mejor dicho; ¡Viejo de la barba gris!, ¿para qué diablos he nacido?

Eugene O'Neill

NOTA: se cierra este fragmento con una frase de Pablo Neruda, la cual merece todo un análisis.
"Para nacer he nacido, para encerrar el paso de cuanto se aproxima, de cuanto hoy a nuestro pecho golpea, como un nuevo corazón tembloroso"

Pablo Neruda

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